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sábado, diciembre 06, 2014
Menos inteligentes que los peces de colores
Las adicciones empezaban como mascotas mágicas, monstruos de bolsillo. Hacían trucos extraordinarios, te enseñaban cosas que no habías visto, eran divertidas. Pero a través de una extraña química gradual, acababan por tomar decisiones por ti. Al final, tomaban las decisiones más cruciales para tu vida. Y eran, como había dicho su terapeuta de Basilea, menos inteligentes que los peces de colores.
William Gibson - "Historia Cero"
Ilustración de El Espíritu de los Cínicos
Coplillas que me gustan:
"Ooh Lordy, troubles so hard
Ooh Lordy, troubles so hard
Went in the room
Didn't stay long
Looked on the bed and,
Brother was dead"
Etiquetas:
adicción,
drogas.,
libros,
vicio,
William Gibson
jueves, enero 21, 2010
Contenedores
En realidad nunca había pensado en ellos antes. Los veías desde la carretera, a veces, almacenados con el mismo rigor que el Lego robótico de Odile. Un aspecto de la realidad contemporánea tan común que no era considerado ni cuestionado. Casi todo, supuso, viajaba en ellos ahora. No materias primas, como carbón o grano, sino cosas manufacturadas. Recordó las noticias que había leído sobre contenedores perdidos en el mar, durante alguna tormenta. Abiertos. Miles de patitos de goma chinos flotando alegremente con las grandes corrientes. O zapatillas. Había leído algo sobre cientos de zapatillas del pie izquierdo que aparecían en la playa, pues la del pie derecho habían sido enviadas por separado para evitar los robos. Y algo sobre un yate en la bahía de Cannes, una historia de miedo transatlántica; como no se hundieron inmediatamente, los contenedores cayeron por la borda, y la silenciosa e invisible amenaza que suponían para los marinos.
Cositas que me gustan:
"Te tengo superada
Ya no me afectas nada
He aprendido a vivir si ti"
Etiquetas:
containers,
cotidiano invisible,
libros,
William Gibson
sábado, junio 13, 2009
Extrañas fusiones

Almorzaron en un mexicano llamado La Basura es Dios.
Chevette no lo recordaba, pero estos sitios cambiaban de nombre en el puente. También cambiaban de tamaño y de forma. Te encontrabas con extrañas fusiones, una peluquería y una ostrería que decidían convertirse en un establecimiento más grande en el que cortaban el pelo y vendían ostras. Algunas veces funcionaba: uno de los lugares que más tiempo llevaban abiertos en el extremo que daba a San Francisco era un anticuado salón de tatuajes manuales en el que te servían el desayuno. Podías sentarte allí frente a tu plato de huevos y beicon y ver cómo alguien era agujereado con una especie de foco de mano.
Pero La Basura es Dios era sólo comida mexicana y música japonesa, una propuesta bastante normal.
William Gibson - Todas las fiestas de mañana
Cositas que me gustan:
"My love wears forbidden colours
My life believes in you once again"
Etiquetas:
Golden Gate,
libros,
San Francisco,
William Gibson
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